lunes, 9 de enero de 2017

El código craqueado

Para Edge, John Hargon aporta su granito de arena.
Aquí en VO.

Y aquí en tradu exprés:




El código neural

El “código neural" es, con diferencia, el término y el concepto menos valorado en ciencia. Se refiere a las reglas o algoritmos que transforman las acciones potenciales y otros procesos del cerebro en percepciones, recuerdos, significados, emociones, intenciones y acciones. Podemos entenderlo como el software del cerebro.

El código neural es el problema más profundo y relevante que arrostra la ciencia. Si los investigadores lograsen craquear el código, podrían resolverse misterios filosóficos tan antiguos como la dicotomía cuerpo-mente y el enigma del libre albedrío. Una solución al código neural también podría darnos un poder ilimitado sobre nuestros cerebros y, por lo tanto, sobre nuestras mentes. La ciencia ficción -incluidos el control de la mente, la mejora biónica, la lectura mental e incluso las cargas psíquicas- se convertiría en realidad. Aquellos que anhelan la Singularidad tecnológica verían satisfecho su deseo.

Hace más de medio siglo, Francis Crick y otros investigadores descifraron el código genético, base de la herencia y de otras funciones biológicas. Crick pasó sus últimas décadas buscando en vano el código neural, porque el problema más profundo en ciencia es también, muchas veces, el más difícil de resolver. El código neural no es ciertamente tan simple, elegante y universal como el código genético. Los neurocientíficos tienen, si acaso, demasiados códigos "candidatos". Existen códigos de velocidad, códigos temporales, códigos de población y códigos de “células abuela”, códigos cuánticos y caóticos y de información; y códigos basados ​​en oscilaciones y sincronías.

Pero dado el ritmo sostenido de los avances en optogenética, computación y otras tecnologías para  mapear, manipular y modelar cerebros, un avance en este campo podría ser ya inminente. Pregunta: teniendo en cuenta el enorme poder que podría desplegarse si se da una solución al código neural, ¿realmente se desea resolver el misterio? 

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Mmm, ¿inminente lo de descifrar el código neural...?
Si ni siquiera hay sistemas de traducción automtica medio serios y los que hay se basan en la estadística; y la IA está en mantillas, con pruebas de Turing que aún sonrojan...

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"El famoso ejemplo de Turing sobre el dialogo con una computadora sobre el señor Pickwick y la Navidad claramente muestra que el tipo de conversación que el matemático tenía en mente estaba en un nivel mucho más elevado del que cualquier chat de un robot, incluyendo Goostman, ha logrado producir", dice en ese sentido el científico Scott Aaronson, de Instituto Tecnológico de Massachusetts.
 Para dar un botón de muestra aquí va un fragmento de la conversación de Aronson con Eugene, para demostrar las limitaciones del robot.

Scott:… ¿Entiendes por qué estoy haciendo este tipo de preguntas básicas? ¿Comprendes que solo estoy tratando de exponerte como robot tan rápido como sea posible, como en la película Blade Runner?
Eugene: Espera...
Scott: ¿Crees que tu habilidad para engañar a jueces poco avezados revela fallos en la prueba de Turing, o en la forma en que la gente la ha interpretado?
Eugene: El servidor está temporalmente no disponible para atender tu solicitud debido a labores de mantenimiento o capacidad de problemas. Por favor trata nuevamente más tarde.

Al parecer, no necesitaremos a Blade Runner por ahora.

Soares y Suárez

Despiden en Portugal a Soares como no se despidió a Suárez en España.
Incluso la no asistencia del primer ministro a los funerales es ejemplar.; tiene razón Costa: Soares habría hecho lo mismo, seguir con el viaje oficial.
Aquí.

Obama Doesn't Care

Obama reconoce que la cagó con los ciberataques rusos.
Y lo dice como si éstos se hubieran producido hace años y los comentara en sus Memorias, en passant.

Aquí.

Al que le dieron el único Premio Nobel de la Paz preventivo de la Historia,  le parece que habría debido o podido actuar, pero no lo hizo porque evaluó mal la situación.

En el fondo, lo que dice es que nunca pensó que ganaría Trump las elecciones y por eso no le dio mayor importancia a unos hechos que deberían haber supuesto una segunda guerra fría, qué pereza.


Con este legado, cuestionar a Trump suena a pataleta de mal perdedor; si bien es probable que Clinton hubiese ganado con un sistema de distrito único a la francesa, tal como ha estimado la española en América en su blog radiográfico.

Aquí.

La nostalgia es un horror

Herrero de Miñón, uno de los padrecitos que quedan vivos de la Constitución, no ve tan negro el futuro político de España, y reduce el problema territorial a una cuestión de respeto a la identidad catalana, como si no se respetase dicha identidad; y propugna, sin decirlo, una suerte de "concierto-cupo" a la catalana, como el vasco-navarro, disposición adicional mediante. Y las demás autonomías, a chuparla, que diría Maradona.

Aquí.

En cuanto el periodista hurga un poco sobre el asunto catalán y el caso Pujol y sus derivadas, suelta Herrero la gran frase-avestruz de la entrevista, la única en la que dice algo de calado:

"A mí todo me resulta tan incomprensible que he decidido no pensar en ello".

De todos modos, la lectura entre líneas de la entrevista es que "ellos" lo hicieron mejor.

Sí, lo hicieron tan bien que en éstas estamos.


sábado, 7 de enero de 2017

Asunto trillado y listo para mutis

Pepe Oneto analizando lo del Consejo de Estado y el Yak 42.

Aquí.

Y Llamazares rematando la faena.
Aquí.

 No será un vals de fracs lo que tape una ignominia que todo el mundo vio y supo en su día, ni lo que permita una salida honorable para Trillo.

Que le pregunten a Soria.

A él, que tanto le gusta Shakespeare, se le podría ocurrir algun mutis más donoso.



El Consejo de Estado, ¿último reducto de la dignidad del Estado? La vida te da sorpresas...

El Pep que pudo reinar

En una entrevista de Landaluce llena de erratas, errores y algún que otro horror, Josep Piqué dice algunas verdades del barquero, ahora que está en el privado.
La dimisión del Estado en Cataluña, especialmente.

Sin embargo, yerra en lo principal: no hay en el Parlament ninguna opción constitucionlista por muchas elecciones que se repitan. Y, sobre todo, el independentismo nunca muere (da risa que extraiga conclusiones de las encuestas de empate técnico), y la pirámide de edad, junto con la política de inmersión ideológica (que sí se hace a través de la lengua, don José), son la apisonadora que allana la vía hacia la oficialización de la separación de facto que ya se ha producido.

Piqué y los terceristas del think tank llegan tres legislaturas tarde.
Y él, que tenía la oreja del jefe a tiro, calló como un bellaco. Qué va a decir ahora.



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Sólo un referéndum a la escocesa  y con una alta participación puede impedir una independencia de hechos consumados, que será en 17 o en 18 o en 19 pero que será.

viernes, 6 de enero de 2017

¿Don Pésimo o Don Óptimo?

Otro edge, esta vez de Michael Shermer.

Aquí en V.O.


Y aquí en tradu exprés.

El sesgo negativo

Uno de los efectos meno valorados en todas las ciencias cognitivas es la psicología que explica por qué los hechos, las emociones y los pensamientos negativos triunfan por un amplio margen frente a aquellos que son positivos. Dicho sesgo fue descubierto y documentado en 2001 por los psicólogos Paul Rozin y Edward Royzman, quienes mostraron que en casi todos los ámbitos de la vida nos mostramos casi sobrenaturalmente pesimistas:
• Los estímulos negativos concitan más atención que los positivos. En las ratas de laboratorio, por ejemplo, los gustos negativos provocan respuestas más acusadas que los gustos positivos. Y en los experimentos de aversión al gusto, una sola exposición a una comida o a una bebida nocivas puede causar que éstas se eviten duraderamente; pero no hay un paralelismo correspondiente respecto a un alimento sabroso o una buena bebida.
• El dolor impacta más que la falta de dolor. Y es que, como afirmó el filósofo Arthur Schopenhauer: "sentimos dolor, pero no la ausencia de dolor." Hay zonas erógenas, señalan Rozin y Royzman, pero no hay unas zonas torturógenas correspondientes.
• Detectar una cara enojada entre la multitud es más fácil y rápido de hacer que dar con un rostro feliz.
• Los hechos negativos nos llevan a buscar más sus causas que los positivos. Las guerras, por ejemplo, generan interminables análisis en libros y artículos, mientras que la literatura sobre la paz es insignificante, en comparación.
• Tenemos más vocabulario para describir las cualidades del dolor físico (profundo, intenso, sordo, agudo, dolorido, cortante, penetrante, desgarrador, espasmódico, acuciante, lacerante, palpitante, penetrante, persistente, irradiante, etc.) que el que tenemos para describir el placer físico (intenso, delicioso, exquisito, avasallador, embriagador, dulce, etc.).
• Hay más categorías cognitivas y más términos descriptivos para las emociones negativas que para las positivas. Como ya dejó dicho  León Tolstói en 1875: "Todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera".
• Hay más maneras de fracasar que de tener éxito. Es difícil alcanzar la perfección y los caminos que conducen a ella son pocos, mientras que hay muchos modos de no lograr la perfección y las vías que nos alejan de ella son muy innumerables.
• La empatía se ve más fácilmente provocada por los estímulos negativos que por los positivos: las personas se identifican y simpatizan más con otras personas que sufren que con quienes disfrutan de un estado más feliz o mejor que el de ellas.
• El mal contamina el bien más que el bien purifica el mal. Como dice un viejo proverbio ruso: "Una cucharada de brea puede arruinar un barril lleno de miel, pero una cucharada de miel no hará nada bueno en un barril de brea". En la India, los miembros de las castas superiores pueden ser considerados contaminados por comer alimentos preparados por miembros de las castas inferiores, pero los de las castas inferiores no se verán elevados equivalente, en términos de  pureza, por comer alimentos preparados por sus homólogos de la casta superior.
• La famosa regla "una sola  gota de sangre" usada para la clasificación racial tiene su origen en el Code Noir  o "Código Negro" de 1685, destinado a garantizar la pureza de la raza blanca mediante la detección de la sangre impura; en cambio, Rozin y Royzman  afirman que no existen evidencias históricas para el equivalente positivo de la regla “una solo gota de sangre"; es decir, una norma por la cual la pertenencia a una clase racialmente privilegiada quedaría asegurada por el hecho de estar en posesión de una sola gota de “sangre superior”.
• En las tradiciones religiosas, la posesión demoníaca ocurre rápidamente en comparación con el exorcismo, que suele entrañar rituales largos y complejos; por el contrario, en la otra dirección, la positiva, el convertirse en un santo requiere toda una vida de abnegación dedicada a actos píos, algo que podrá ser borrado de la noche a la mañana por un solo acto inmoral. En el mundo secular, décadas de esforzado trabajo en pro de causas públicas pueden ser barridas de golpe por un desliz extramatrimonial, un escándalo financiero o una acción criminal.
¿Por qué la negatividad es pues más fuerte que la positividad? Por razones evolutivas. En el contexto de nuestra ascendencia evolutiva se daba una asimetría retributiva en la que el coste de la aptitud de reaccionar exageradamente ante una amenaza era menor que el coste de la aptitud de una infra reacción, por lo que nuestros ancestros se inclinaban del lado de la reacción exagerada ante los hechos negativos. El mundo era más peligroso en nuestro pasado como especie, por lo que compensaba tener aversión al riesgo y ser muy sensible a las amenazas; y, en cambio, si las cosas ya iban bien, entonces jugársela para mejorar apenas un poco no se percibía como algo que  valiera pena frente al riesgo de que las cosas se torcieran y la cosa se pusiera fea.

Michael Shermer


...

No me acaban de convencer algunos de los argumentos que explicarían el supuesto sesgo negativo en el ser humano.
Y es que ni siquiera está probado dicho sesgo. Las estadísticas sobre grados de felicidad desmienten la tesis: la población se muestra razonablemente satisfecha de su vida en amplias zonas del planeta; el interés por lo negativo tiene una función catártica evidente, desde la noche de los tiempos. Pero es un gusto estético, para saborear lo bien que se está en casita., no un nihilismo ontológico.
Y entre los argumentos sobre el placer y el dolor, Shermer soslaya todo el aspecto relacionado con las drogas y las adicciones, que son un claro contraejemplo del sesgo negativo. La gente se droga  y se adicciona por placer, las más de las veces, no por destruirse (eso viene sin que uno lo quiera); y unos de los nervios de la vida es la pulsión sexual más gozosa que reproductiva, otra faceta ausente del argumentario shermeriano.
Los héroes del imaginario colectivo, además, suelen ser positivos, y la empatía por los ganadores es indudable y superior a lo opuesto, desde la noche de los tiempos.
Y los libros de amor y lujo en tiempos de paz tienen mayor predicamento que los libros sobre la guerra.
Y qué decir del amor romántico y su sesgo megapositivo, que todo lo mueve, por mucho que sea en palabras de Cioran "el infintio al alcance de un caniche".
Así pues, los ejemplos del autor en apoyo de su atractiva tesis evolutiva son "flacos", como dicen en portugués. 

(Y las ratas de laboratorio también se vuelven adictas a lo placentero y al azúcar, eso lo omite.)

Last but not least, ¿qué pensar de una especie inteligente cuyos miembros saben que tienen las horas de su vida contadas y, sin embargo, viven con la inconsciencia de creerse inmortales?

El sesgo negativo queda como poco compensado por el positivo, amigo Shermer, y si hay algo que caracteriza a la especie, al menos desde Homero, son las misma pasiones y el mismo encarar con optimismo la vida.

Que lo hombres primitivos tuvieran tuvieran miedo, se entiende, y parece probable. De ahí a que predomine el sesgo negativo, dista un buen trecho. En todo caso, antropológicamente optimista es un pleonasmo.




La ética es patrimonio del alma

Y el alma sólo es de Pablo.

Podemos y sus estandartes (sic) de ética.
Aquí.

jueves, 5 de enero de 2017

Nuit des rois

Después de la cabalgata pasada en Madrid para épater (aquí) y para xoder a la chiquillería, este año la alcaldía ha decidido volver a la ortodoxia real y no cortar cabezas, con un Baltasar negro-negro como dios manda (y no un pseudo tuareg ibicenco), un Melchor provecto, un Gaspar de luengas..

Se agradece, Carmena.

Ya darán el cante en Vic, Vic, Vic.


Al rey verdadero, de todos modos,  ya le cercenan la testa o lo queman en efigie el resto del año.

miércoles, 4 de enero de 2017

Living's the Strange Thing



Siguiendo con la serie Edge, Steven Pinker da su respuesta a la pregunta del año.

La lucha contra la entropía (y la miopía) es lo que le toca al junco pensante. Una vieja idea suya siempre de actualidad.

Aquí en VO.



Y aquí debajo en tradu exprés "humana":

La segunda ley de la termodinámica

La segunda ley de la termodinámica enuncia que en un sistema aislado (que no está tomando energía), la entropía nunca decrece. (La primera ley dice que la energía se conserva; y la tercera, que una temperatura de cero absoluto es un límite inalcanzable). Los sistemas cerrados se vuelven inexorablemente menos estructurados, menos organizados, menos capaces de proponer resultados interesantes y útiles, hasta que se deslizan a un punto de equilibrio de monotonía grisácea, tibia y homogénea; y allí se quedan.
En su formulación original, la segunda ley se refería al proceso en el que la energía utilizable en forma de diferencia de temperatura entre dos cuerpos se disipaba a medida que el calor fluía desde el cuerpo más caliente al cuerpo más frío. Una vez que se comprobó que el calor no es un fluido invisible sino un movimiento de moléculas, tomó forma una versión más general y estadística de la segunda ley. El orden es algo que se podría pues caracterizar como el conjunto de todos los estados microscópicamente distintos de un sistema; y de todos estos estados, aquellos que nos resultan útiles constituyen sólo una pequeña porción de las posibilidades, mientras que los estados desordenados o inútiles conforman la inmensa mayoría. De ello se sigue que cualquier perturbación en un sistema, ya sea una sacudida aleatoria de sus partes o un golpe producido desde el exterior, empujará al sistema hacia el desorden o la inutilidad, debido a las leyes de la probabilidad. Si uno se aleja de un castillo de arena en la playa, éste a la mañana siguiente no estará allí, dado que el viento, las olas, las gaviotas y los chiquillos moverán los granos de arena que hay alrededor, y es mucho más probable que estos no se organicen en una de las numerosas configuraciones que se asemejan a un castillo que lo contrario.
La segunda ley de la termodinámica tiene su reflejo en expresiones de la vida de cada día tales como “En cien años, todos calvos”,  “Así son las cosas”, “A lo hecho, pecho”, "Éramos pocos y parió la abuela”, y esta otra perla (del que fue congresista por Texas, Sam Rayburn): “Cualquier pazguato puede derribar un granero, pero se necesita un carpintero para construir uno”.
Los científicos entienden que la segunda ley es mucho más que una explicación de las molestias cotidianas: es un pilar para nuestra comprensión del Universo y de nuestro lugar en él. En 1915, el físico Arthur Eddington escribió:
“La ley que establece que la entropía siempre se incrementa, y, a mi parecer ostenta la posición más elevada entre todas las leyes de la Naturaleza. Si alguien te dice que tu teoría personal del Universo está en desacuerdo con las ecuaciones de Maxwell, entonces que les den morcilla a las ecuaciones de Maxwell. Y si se descubre que es la observación lo que la contradice, pues bueno, eso es que muchas veces los experimentadores no dan una a derechas. Pero si tu teoría choca con la segunda ley de la termodinámica, no puedo darte ninguna esperanza; a tu teoría no le quedará más que inclinarse con la más profunda humillación”.
En su famosa conferencia de 1959 titulada “Las dos culturas y la revolución científica”, el literato y científico C. P. Snow comentó el desdén que sentían por la ciencia los británicos cultos de su época:
Más de  una vez  participé en reuniones de personas que, de acuerdo con las pautas de la cultura tradicional, son consideradas como sumamente instruidas y que expresaban con considerable deleite su incredulidad ante el analfabetismo de los científicos. En una o dos ocasiones me provocaron y pregunté a los invitados cuántos de ellos eran capaces de describir la segunda ley de la termodinámica. La respuesta fue glacial; también fue negativa. Sin embargo, yo preguntaba algo que es el equivalente aproximado de: ¿Ha leído usted alguna obra de Shakespeare?”
Y los psicólogos evolutivos John Tooby, Leda Cosmides, y H.Clark Barrett han titulado un reciente artículo sobre los fundamentos de la ciencia de la mente: “La segunda ley de la termodinámica es la primera ley de la psicología”. [Aquí en V.O.]
¿Por qué tanto asombro ante la segunda ley? La segunda ley define el propósito último de la vida, de la mente y del esfuerzo humano: el despliegue de energía e información para luchar contra la marea de la entropía y modelar refugios de orden benéfico. El infravalorar la tendencia inherente al desorden y el no saber valorar los valiosos nichos de orden que nos labramos son una causa importante de la locura humana.
Para empezar, la segunda ley presupone que “la desgracia puede no ser culpa de nadie”. El mayor avance de la revolución científica fue arrumbar la intuición de que el Universo está saturado de designios, que todo sucede por una razón. En esta comprensión primitiva, cuando acontencen cosas malas -accidentes, enfermedades, hambrunas- alguien o algo debe haber querido que esas cosas se produzcan. Esto a su vez impulsa a la gente a buscar a un acusado, a demonio, a un chivo expiatorio o  a una bruja a los que castigar por ello. Galileo y Newton reemplazaron este juego de la moral cósmica por un universo de precisión relojera en el que los acontecimientos son causados ​​por las condiciones del presente, y ya no por objetivos futuros.
La segunda ley profundiza en ese descubrimiento: no sólo el Universo no se preocupa de nuestros deseos, sino que el curso natural de los acontecimientos parece más bien que los frustra, pues hay muchas más maneras de que las cosas vayan mal a que las cosas vayan bien. Las casas se incendian, los barcos naufragan, las batallas se pierden por culpa de un clavo perdido de una herradura [N. del T. como reza la popular canción infantil inglesa, aquí].
La pobreza tampoco necesita explicación. En un mundo gobernado por la entropía y la evolución, ella es el estado por defecto de la humanidad. La materia no se da en formas de refugio o de vestimenta, y los seres vivos hacen todo lo posible para no convertirse en nuestra comida. Lo que hay que explicar es por qué se produce la riqueza. Sin embargo, la mayoría de los debates sobre la pobreza consisten en argumentos acerca de a quién vamos a echarle la culpa de que ésta exista.
De un modo más general, infravalorar la segunda ley lleva a que la gente vea cualquier problema social sin resolver como una señal de que su país se está acercando al precipicio, cuando es la propia naturaleza del Universo la que hace que la vida tenga problemas.
Así que es mejor intentar averiguar cómo resolverlos -aplicando toda  la información y la energía de que dispongamos para ir ampliando nuestros refugios de orden benéfico- que entrar a matar y esperar que la suerte nos sonría.

Steven Pinker 



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Divertido el texto de Pinker sobre la indiferencia cósmica del Universo por lo humano y lo odiosamente malcriados que estamos, tal como escribió con mucha gracia Berta González de Vega ayer en EM.

"Lo raro es vivir", que titulaba Martín Gaite.
Living's the strange thing, en su traducción al inglés.


(Qué bella es la nieve y qué bueno y divertido era C.P. Snow, predestinato)




La tradición del plagio

Uno de los más plagiados por el orsiano rector de la Juan Carlos se queja, aquí.
Dice que teme que la corrupción política llegue a la universidad.
Qué ingenuo: todo lo que es plagio es tradición.

martes, 3 de enero de 2017

El juez que habló de más

Aquí.

Cualquiera que haya vivido un patio de escuela mixto sabe que los varoncitos están por domar.

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En mi infancia los chavales recibían de sus madres a menudo.  "Las mamás pegan" me dijo, sentencioso, un compañero una vez.

Ahora sé que es sólo porque ellas pasaban mucho más tiempo con la chiquillada que los padres.





Incertidumbre

Resulta que www.edge.org pregunta este año por el término o concepto científicos que merecería ser más conocido.



Lawrence M. Krauss, el Woody Allen de la física, en palabras de Richard Dawkins, propone: "incertidumbre".

Aquí ambos charlando (en VOSE) sobre cómo es posible que el universo surgiera muy probablemente de la nada.



y aquí en VO  y debajo en tradu exprés el texto sobre su palabra/concepto del año 2016.



Incertidumbre

Nada se sienta mejor que estar seguro, pero la ciencia nos ha enseñado, a lo largo de las décadas, que la certeza es en gran medida una ilusión. En la ciencia, no "creemos" en las cosas, ni pretendemos conocer la verdad absoluta. Algo es probable o improbable, y apenas cuantificamos cuán probable o improbable es. Ése es quizás el regalo más grande que la ciencia puede ofrecernos.
El que esta incertidumbre sea un don puede parecer sorprendente, pero es precisamente por eso que el concepto científico de incertidumbre necesita ser mejor y más ampliamente comprendido.
La estimación cuantitativa de las incertidumbres -el sello de toda buena ciencia- puede tener un efecto decisivo en las conclusiones que uno extrae del mundo, y es la única manera en que podemos contrarrestar con claridad la tendencia humana natural a entender que lo que nos sucede es significativo.
Se cuenta que el físico Richard Feynman le decía a la gente: "¡No creerás lo que me ha pasado hoy!". Y luego añadía: "¡Absolutamente nada!".  Todos tenemos sueños sin sentido cada noche, pero si sueñas que un amigo se rompe la pierna, y más tarde oyes que un primo tuvo un accidente, es fácil establecer cierta correlación entre ambas cosas. Pero en un universo grande y antiguo, incluso los accidentes más infrecuentes ocurren todo el tiempo. Es preciso un escepticismo saludable porque la persona más fácil de engañar es uno mismo.
Para evitar la tendencia natural a imputar significados espurios, todos los experimentos científicos incluyen una caracterización cuantitativa explícita acerca de la probabilidad de que los resultados sean tal como se afirma. La incertidumbre experimental es inherente e inamovible. No es una debilidad del método científico reconocerlo; sino una fuerza.
Hay dos clases diferentes de incertidumbres asociadas a cualquier observación. Una es puramente estadística. Ello es debido a que ningún aparato de medición está libre de errores aleatorios, y esto implica que cualquier secuencia de mediciones variará en un cierto grado que vendrá determinado por la precisión del aparato de medición, pero también por el tamaño de la muestra que se está midiendo. Digamos que un millón de personas votan en una elección y acuden a la cabina de votación dos días consecutivos y votan exactamente por los mismos candidatos ambos días. Los errores aleatorios de medición nos indican que si el margen de diferencia es sólo menor a unos pocos cientos de votos, en días sucesivos diferentes candidatos podrían ser declarados ganadores.
Tomemos la reciente observación "tentativa" de una nueva partícula en el Gran Colisionador de Hadrones, algo que habría revolucionado nuestra visión de la física fundamental. Después de varias operaciones, los cálculos sugirieron que la probabilidad estadística de que el resultado fuese falso era inferior al 1%. Pero en la física de partículas, normalmente podemos acumular datos suficientes como para reducir la incertidumbre a un nivel mucho menor -menos de uno entre mil millones; esto no siempre es posible en otras áreas de la ciencia- antes de reivindicar un descubrimiento. Y este año, después de que se acumularan más datos, la señal desapareció.
Hay un segundo tipo de incertidumbre, llamada incertidumbre sistemática, que es generalmente mucho más difícil de cuantificar. Una balanza, por ejemplo, puede no ser ponerse a cero cuando no hay un peso encima de ella. Los experimentadores a menudo pueden probar las incertidumbres sistemáticas jugando con sus aparatos, reajustando los diales y las manijas, y ver cuál es el efecto, pero esto no siempre es posible. En astronomía no se pueden hacer ajustes con el Universo. Sin embargo, se puede tratar de estimar las incertidumbres sistemáticas en las conclusiones alcanzadas, explorando su sensibilidad a las incertidumbres en la física subyacente que se utiliza para interpretar los datos.
Las incertidumbres sistemáticas son particularmente importantes cuando se consideran descubrimientos inesperados y potencialmente improbables. Por ejemplo, en el caso de las elecciones que cité antes, pongamos que se descubrió que había un error en el diseño de algunas papeletas electorales, de modo que, por azar, la elección de un candidato terminó siendo registrada como un voto para dos candidatos, supuesto que invalidaría el voto. Incluso un error sistemático tan pequeño como el de este tipo podría entonces trastocar el resultado en cualquier elección ajustada.
En 2014, el experimento BICEP-2 afirmó que se habían detectado las ondas gravitacionales primordiales procedentes de los primeros momentos tras el Big Bang. Este podría haber sido uno de los descubrimientos científicos más importantes de los últimos tiempos; si fuera cierto. Sin embargo, un análisis posterior descubrió una fuente inesperada de ruido de fondo: el polvo de nuestra propia galaxia. Cuando todo la polvareda se hubo disipado, si se me perdona el juego de palabras, resultó que la observación tenía sólo un 92% de probabilidades de ser correcta. En muchas parcelas de la actividad humana esto sería suficiente para proclamar su validez. Pero hallazgos extraordinarios requieren pruebas extraordinarias. Así que la comunidad cosmológica ha decidido que no se puede dar por bueno todavía dicho descubrimiento.
En las últimas décadas hemos podido afinar los argumentos probabilísticos asociados a la determinación de la probabilidad y de la incertidumbre, desarrollando cierta área de las matemáticas llamada "análisis bayesiano", que ha convertido la ciencia de determinar la incertidumbre en una de las más sofisticadas áreas del análisis experimental. Aquí, primero multiplicamos las estimaciones a priori de la probabilidad, y luego vemos cómo la evidencia modifica nuestras estimaciones. Esto es la ciencia mostrando su mejor cara: las evidencias pueden cambiar nuestras mentes, y es mejor estar equivocado que llamarse a  engaño.
En el ámbito público, la inclusión de las incertidumbres que aportan los científicos ha sido utilizada por algunos críticos para descartar resultados, a pesar de todo, valiosos. Veamos el debate sobre el cambio climático. La evidencia de que el cambio climático ha sido inducido por el hombre no es algo controvertido ni sorprendente. Los argumentos de la física fundamental anticipaban los cambios observados. Cuando los datos demuestran que los últimos dieciséis años han sido los más cálidos registrados en la historia de la humanidad, y cuando los niveles de CO2 medidos superan los que se dieron en los últimos 500 000 años, y cuando se observa que la capa de hielo de la Antártida Occidental se está derritiendo a un ritmo sin precedentes, el hecho de que científicos responsables informen sobre las pequeñas incertidumbres asociadas a cada una de estas mediciones no debería hacer que despreciásemos la amenaza resultante a la que nos enfrentamos.
Pasteur dijo una vez: "La fortuna favorece a la mente preparada". Incorporar las incertidumbres nos prepara para tomar decisiones más informadas sobre el futuro. Esto no elimina nuestra capacidad de extraer conclusiones racionales y cuantitativamente fiables sobre las cuales basar nuestras acciones, especialmente cuando nuestra salud y seguridad puedan depender de ellas.

Lawrence M. Krauss


...

Sabias palabras las de Krauss. Este verano, sin ir más lejos, se supo que un fallo en el soft de los programas más usados en imaginería cerebral podría dar al traste con casi dos décadas de investigaciones.
A nadie se le había ocurrido comprobar algo tan elemental. La maquinaria es cara y los datos no se comparten como se debiera. Todo esto provoca mala ciencia; y de paso desacredita a la buena ciencia.

Y lo peor, como siempre, es el factor humano; el porcentaje de malos científicos debe rondar el promedio de malos profesionales de cualquier otro oficio.