El juez Zamarriego amenaza a El Mundo con graves sanciones si publica lo que surge del consorcio europeo EIC en lo tocante al Football Leaks. Este juez vive en otra galaxia: la información hoy en día es global. Si en España no se publica la información, da igual: la noticia se está ya publicando en toda Europa, donde a este juez encelador no lo conocen, ni ganas. Y eso significa que la red en español se h hecho eco de ello por la relevancia de Ronaldo, Mourinho y otros balompédicos supuestos defraudadores.
El Mundo debería explorar las posibilidades de demandar al juez por coacciones.
Sólo en las dictaduras se prohíbe la información de los secretos a voces.
Si el origen de la filtración es ilítico corresponde al damnificado argüirlo, intentar probarlo y esperar a que se saquen las conclusiones pertinentes durante el procedimiento, no al Zamarriego de turno con carácter cautelar en prevención de no se sabe qué.
Todo esto es tan ridículo como prohibir las encuestas 48 h antes de las elecciones para que el personal las tenga que seguir vía andorra.
"Esto es fútbol" decía el genial Cruyff.
Pues eso.
Aquí.
sábado, 3 de diciembre de 2016
La nostalgia es un error
El edito de Charlie, en el que compara a Fillon con Fidel.
Hum, las comparaciones siempre son odiosas, si bien algo de eso hay.
Pero Fillon no es un serial killer como el otro.
Pero Fillon no es un serial killer como el otro.
Aquí en V.O.
Aquí en tradu exprés.
Fidel Fillon
Un ser se apaga, y otro prende. La semana en que el
mundo descubre la existencia de François Fillon, Fidel Castro se nos va. Con él
"se paga una página de la historia del siglo XX" nos machacan desde los
periódicos: la década de los 60, los cochazos
americanos, Kennedy, Bahía de Cochinos, la crisis de los misiles, Jruschov en la tribuna de la ONU y su zapato... Los ingredientes perfectos para una
película de Oliver Stone, que deleitará a todos los gandules a los que les cuesta leer un libro
de historia real sobre el asunto.
La muerte de Fidel Castro nos interpela: ¿Quién tomará el
relevo de la revolución? ¿Acaso François Fillon dejará su dulce campiña para conquistar
una por una las principales ciudades del país, como hicieron Castro y sus
"barbudos" de Sierra Maestra
en ruta hacia La Habana? Cada cual tiene los revolucionarios que puede permitirse. Pues hoy
en día las únicas revoluciones que se nos proponen son las revoluciones
reaccionarias. Ya no es el futuro brillante lo que enardece a las multitudes, sino
el pasado glorioso o supuestamente tal. Fillon es el Fidel Castro del pasado.
Quiere echar de Francia a los sindicatos, a los funcionarios, a los
contestatarios, igual que Castro quería echar de Cuba a la mafia y a los tugurios
estadounidenses.
Fidel Fillon dirigirá con mano de hierro las reformas
que suprimirán el impuesto a las grandes fortunas, obligarán a los asalariados
a trabajar más tiempo y expulsarán a los agricultores de sus tierras para
construir en ellas aeropuertos que no servirán para nada.
Fillon nació en el lugar equivocado y en el momento erróneo. Si hubiera nacido en Cuba, habría dirigido implacablemente la
represión contra los enemigos de la Revolución. Si hubiera nacido en la URSS,
habría hecho trabajar hasta la muerte a los trabajadores estajanovistas para
cumplir con los objetivos de producción establecidos por el Comité Central. Si hubiera
nacido en China, habría proclamado la revolución cultural para limpiar las
universidades de intelectuales demasiado progresistas.
La Francia de Fillon quiere circular de nuevo en Renault 16.
Fillon fantasea con ser el hombre de la ruptura: pero como los
últimos revolucionarios ya no existen, se contenta con las sobras. ¿Por
qué Fillon admira tanto a Vladimir Putin? Tal vez porque ambos viven
en la nostalgia. La de la Unión Soviética
y el KGB, en el caso de Putin; la de la
Francia que iba a misa todos los domingos, en el de Fillon.
Cuánto camino hemos recorrido: Pompidou era un experto en poesía,
Mitterrand estaba enamorado de la literatura y Chirac era un especialista en temas
asiáticos. Después, las cosas se degradaron. Sarkozy era un mero aficionado a los
relojes de muñeca; y de Hollande no se sabe nada. Si resulta elegido, Fillon será el
primer presidente francés apasionado por los tubos de escape de Las 24 horas de Le Mans. La Francia de Fillon
quiere volver a circular en Matra, en Citroen DS, en Renault 16, como en las
películas francesas de la década de los 70, en que los coches de la Policía aún aullaban en plan "pin-po-pin-po...". Nos podemos reír de Trump y de su sala
de estar chapada en oro, decorada junto a su esposa importada por paquetería exprés de
los países del Este. Pero la Francia de Fillon olerá al escay de los asientos de los coches setenteros que provocaba vómitos en la chiquillería a
la vuelta de vacaciones. Dan náuseas las dos cosas.
Con Fillon, ha vuelto
la Francia reaccionaria y tiene toda la intención del mundo de alzarse frente a la
Francia de la diversidad, de las “banlieues” y todo el que lleve una gorra ladeado en la testa. La elección de los votantes ya no es entre un programa
de izquierdas y otro de derechas, sino entre dos estampados de papel de pared para decorar
nuestras vidas: uno con un tractor en primer plano y una iglesia en lontananza; o bien otro con bloques de viviendas suburbanas y jóvenes en los
portales pegados a sus iPhones. La derecha tiene fantasías de una Francia eterna,
mientras que la izquierda se masturba la mente con la Francia de la diversidad.
Al elegir a su candidato, la derecha ha desvelado al mismo tiempo su
programa. La izquierda tendrá que ponerse a ello. Pero anda tan dividida en casi
todos los temas (economía, seguridad,
laicismo...) que tendría que celebrase al menos diez primaria para poner un poco de orden en
esta algarabía ideológica.
Castro lo comprendió perfectamente: un líder, un
programa, un partido. La derecha acaba de nombrar a su Líder Máximo. Le toca
ahora a la izquierda escoger a su Comandante.
Riss, director de Charlie
Hebdo.
viernes, 2 de diciembre de 2016
20 años sí es nada
Recordando al profesor Jáuregui y la reedición de su libro-maestro, ayer Arsuaga y Ribera y Tamames tocaron el "hard problem" de la conciencia y del libre alberío.
El mismo libro que hace 20 años Dawkins, E.O. Wilson, Marvin Harris, Pinillos et alii presentaron en la misma Fundación Areces en un simposio que no se grabó, grave error.
Aquí.
El mismo libro que hace 20 años Dawkins, E.O. Wilson, Marvin Harris, Pinillos et alii presentaron en la misma Fundación Areces en un simposio que no se grabó, grave error.
Aquí.
Fin de partie
Hollande en su mejor decisión de todo su mandato.
Aquí.
Para que no gane la reacción, la inacción debe morir.
Aquí.
Para que no gane la reacción, la inacción debe morir.
miércoles, 30 de noviembre de 2016
Sí pasa nada
...como decía mi hijo.
Richard Dawkins charlando con Lawrence Kraus de esa nada que sí pasa.
Con subtítulos en español: aquí.
Richard Dawkins charlando con Lawrence Kraus de esa nada que sí pasa.
Con subtítulos en español: aquí.
martes, 29 de noviembre de 2016
Antitorticeros
Dawkins, Bricmont, Espada, Blumner, Giménez Barbat y otros en su cruzada laica.
Por el camino menos torticero, siempre, en pos de la importante verdad (con minúscula) de la ciencia.
Aquí.
lunes, 28 de noviembre de 2016
Libre, sé; iguales... (no puede ser)
Cayetana Álvarez muy certera sobre el populismo de izquierda, de derecha y de extremo centro.
Aquí.
¿A qué esperan los hombres y mujeres de lei?
Aquí.
¿A qué esperan los hombres y mujeres de lei?
El des(encuentro) del siglo
Richard Dawkins en apuros (unos minutos desde el minuto 49 hasta el final de la charla) por culpa de Deepak Chopra, en un encuentro que tuvo lugar en Puebla (México), con miles de personas en la sala. Increíbles pero ciertas ambas cosas.
En VOSE (hay que activar los subtítulos).
Aquí.
En VOSE (hay que activar los subtítulos).
Aquí.
El método populista
Ponderando la victoria de Fillon, correligionario en el PE, el eurodiputado González Pons dice que "hay populismo de extrema derecha y de extrema izquierda...", donde los Desayunos de Sergio Martín.
Olvida que también lo hay de extremo centro, el suyo y el su socio.
Olvida que también lo hay de extremo centro, el suyo y el su socio.
Funerales en la isla inefable
A los funerales de Estado del dictador emérito en Cuba, España manda a un rey jubilado y a un secretario comercial.
Se empieza a notar la presencia de Dastis.
Sin Castro muchos vivirán mejor.
Se empieza a notar la presencia de Dastis.
Sin Castro muchos vivirán mejor.
Fillon el hijón milagroso
Libération analiza por qué el no esperado, el salvado por los pelos, el milagroso, ha llegado.
domingo, 27 de noviembre de 2016
Nihil novum sub sole
Coll sobre el trumpismo triunfante, pleonasmo.
Aquí.
La neutralidad supuesta de Facebook, que canaliza el 60% de la información, no es excusa sino mero reflejo de la mendacidad rampante.
La mentira se combate, hoy como ayer, con una verdad más atractiva que la mentira.
Aquí.
La neutralidad supuesta de Facebook, que canaliza el 60% de la información, no es excusa sino mero reflejo de la mendacidad rampante.
La mentira se combate, hoy como ayer, con una verdad más atractiva que la mentira.
Utra para combatir a ultra
La derecha francesa ha hablado: quieren a Fillon, el ultraliberal y ultracatólico, el más parecido a Le Pen, salvo en temas europeos.
Y la coqueluche de los dragones con escama y malas pulgas, que adoran a Putin y a Al Assad.
Aquí.
Se debilitan mutuamente y dividen a parte de su electorado común.
Aquí.
Este invento de primarias para todos los públicos que se inventó en Francia la izquierda es una especie de primera vuelta presidencial.
De tener el socialismo francés un candidato creíble, es el escenario soñado para colar a su candidato en la segunda vuelta frente a Le Pen.
O la ocasión de oro con que soñaba Emmanuel Macron.
Y la coqueluche de los dragones con escama y malas pulgas, que adoran a Putin y a Al Assad.
Aquí.
Se debilitan mutuamente y dividen a parte de su electorado común.
Aquí.
Este invento de primarias para todos los públicos que se inventó en Francia la izquierda es una especie de primera vuelta presidencial.
De tener el socialismo francés un candidato creíble, es el escenario soñado para colar a su candidato en la segunda vuelta frente a Le Pen.
O la ocasión de oro con que soñaba Emmanuel Macron.
Under Western Eyes
El Sunday Times, en su particular David Castro contra el tío Sam Goliat, titula a 5 columnas: Fidel Castro Scourge of the West dies at 90. Es decir: Muere a los 90 Fidel Castro lacra/plaga/calamidad de Occidente... ¿o bien será la otra acepción: Castro azote/flajelo/etc… de Occidente?
Aquí.
Y subtitula: "El mundo dividido acerca del icono revolucionario que se convirtió en un tirano asesino".
La fascinación que ejerce el personaje en la izquierda y la no-izquierda nacionalista se debe a su antimericanismo visceral (e impostado) y a su virilidad guerrillera (e igualmente impostada), dos virtudes de las que hay que tener para ser alguien con lo que hay que tener.
Aquí.
Y subtitula: "El mundo dividido acerca del icono revolucionario que se convirtió en un tirano asesino".
La fascinación que ejerce el personaje en la izquierda y la no-izquierda nacionalista se debe a su antimericanismo visceral (e impostado) y a su virilidad guerrillera (e igualmente impostada), dos virtudes de las que hay que tener para ser alguien con lo que hay que tener.
Mangas verdes a malas horas
Mangas alerta con tiempo, cual sibila, de la hora. Hora grave. Y mala.
Nadie escucha la hora, as usual.
Aquí.
Nadie escucha la hora, as usual.
Aquí.
sábado, 26 de noviembre de 2016
Nous l'avons tant aimée, la révolution (cubaine)
Ya ni los intelectuales latinos son lo que eran...
Aquí.
Aquí.
viernes, 25 de noviembre de 2016
El cerebro en una cubeta
Tim Parks y Riccardo Manzotti charlando sobre la
conciencia, ese concepto que las ciencias intentan capturar y tratar como si fuera
un objeto oscuro del deseo intelectual.
O como si fuera un cerebro en una cubeta.
Aquí va su arranque de charla en V.O. en el New York Review of Books.
Y aquí mi tradu muy exprés:
El desafío de definir la conciencia
¿Es posible poner algo de orden en nuestros pensamientos
sobre la conciencia, la memoria, la percepción, etc.? Apenas pasa un día
sin que haya un artículo sesudo que se pregunte si los ordenadores pueden ser
conscientes, si nuestro universo es algún tipo de simulación, si la mente es
una cualidad única de los seres humanos o bien algo que se extiende a través del universo
como la mantequilla encima del pan. Muchos de nosotros ni siquiera estamos
seguros de lo que opinamos en este negociado, o de si lo que opinamos merece mucho
aval procedente de los filósofos o de los neurocientíficos.
Durante años he estado hablando de estos asuntos casi a diario con Riccardo Manzotti, filósofo, psicólogo
e ingeniero en robótica. Ahora le he pedido que condensemos nuestras
conversaciones en una serie de diálogos centrados en establecer las posiciones
comunes sobre la conciencia, y esbozar algunas alternativas. Por mi parte, me
gustaría añadir algunas reflexiones sobre las implicaciones sociales de las
diversas teorías de lo que pensamos de la conciencia, lo cual es tanto como decir que
lo que pensamos acerca de quién y qué somos inevitablemente tendrá consecuencias
sobre cómo nos relacionamos entre nosotros y con el mundo.
Pero nuestro primer problema será buscar una definición.
Tim Parks
Tim Parks: Riccardo, ¿qué queremos decir cuando
decimos "conciencia"? ¿Estamos hablando de experiencia perceptiva, de
memoria, de pensamiento, de cadenas de pensamiento, o de vida mental en general?
Riccardo Manzotti: Para la mayoría de la gente, la
"conciencia" tendrá varios significados e incluirá conciencia, autoconciencia,
pensamiento hecho lenguaje. Pero para los filósofos y los neurocientíficos el
significado crucial es el de sentir algo; experimentar una sensación, podría
decirse. O el tener una experiencia. Una manera fácil de pensar en ello sería el
dolor. Instintivamente todos estamos de acuerdo en que sentir un dolor es algo
tangible. Es una experiencia. Por eso no nos gusta hacer daño a los animales,
porque tenemos buenas razones para sospechar que sienten lo que les sucede. Y
esta sensación de lo que nos sucede caracteriza nuestra existencia. El término
técnico es "experiencia fenomenológica"; o bien, una vez más: "experiencia
consciente", pero francamente ambas expresiones son un poco redundantes ya
que la experiencia siempre es algo que experimentamos.
Parks: Recuerdo a David Chalmers, un filósofo que sin duda saldrá a colación en algún momento, quien define la conciencia como un flujo interno de imágenes, "una película que se proyecta dentro de la cabeza", y, probablemente, mucha gente estaría de acuerdo con él. Pero tú quieres limitarte a algo más básico.
Manzotti: Una definición como ésa sugiere que sabemos mucho más de lo que en realidad sabemos: que hay imágenes en nuestra cabeza, que discurren en secuencias, que hay una especie de división entre las imágenes y alguien (¿quién?) que observa esas imágenes. Todo esto es muy problemático. La verdad es que no sabemos lo que es la conciencia. Por eso estamos hablando de ella como de un problema. Lo que sí sabemos es que la forma en que experimentamos la realidad, vale decir: el modo en que sentimos las cosas que nos suceden, no coincide, de hecho, con nuestra imagen científica actual del mundo físico.
Parks: ¿En qué sentido?
Manzotti: Bueno, considera esto: si no supiéramos que los seres humanos experimentan el mundo y que sienten cosas, ¿podríamos acaso deducirlo de lo que sabemos en neurofisiología? Realmente, no. No hay nada en el comportamiento de las neuronas que apunte a que son diferentes, en relación con la conciencia, por ejemplo, de las células del hígado o de los glóbulos rojos. Son células que hacen lo que las células saben hacen mejor, esto es, mantener un entropía baja que genera flujos de iones como sodio, potasio, cloruro y calcio y liberan neurotransmisores como consecuencia de ello. Todo esto es maravilloso, pero muy alejado del hecho de que yo experimento un color azul claro cuando veo un cielo matutino. Es decir, no es fácil ver cómo la actividad física de las neuronas explica mi experiencia del cielo, y mucho menos cómo explica un proceso como el del pensamiento.
Parks: Por lo tanto, ¿podríamos decir que la conciencia es la palabra que usamos para referirnos al hecho de que, en vez de tener simplemente una actividad fisiológica silente como cualquier otro evento físico -el cielo por la mañana, una nube que tapa el sol-, tenemos una experiencia, tenemos una sensación de ese suceso?
Manzotti: Exactamente. En vez de un mundo en el que simplemente interactuamos con acontecimientos externos -la forma en que una flor se abre al sol o el agua que se congela si hace mucho frío-, tenemos una experiencia de lo que ocurre, del sol, del clima gélido, etc. Esta adición de experiencias (¡y en el futuro podríamos considerar que la experiencia y lo ocurrido forman un todo!) puede ser bastante enigmática en sí misma. Pero es aún más desconcertante que la experiencia se describa generalmente como la experiencia de “algo más”, de algo que no soy yo. Experimento una manzana roja. Tú experimentas una pieza musical. Ruth experimenta un paisaje. ¿Cómo es posible esto si, dejando de lado (por el momento) la mecánica cuántica, nuestra visión tradicional de la naturaleza nos dice que un objeto es lo que es y nada más que eso? William James lo planteó muy claramente cuando se preguntaba: ¿Cómo la habitación en la que estoy sentado puede simultáneamente estar fuera y, por así decir, dentro de mi cabeza, dentro de mi experiencia? Todavía no tenemos respuesta a esta pregunta.
Parks: Por lo tanto, otra manera de verlo sería decir que el hecho de la propia conciencia apunta a una falla en nuestra explicación de la realidad. O al menos supone un gran desafío en cuanto a cómo entendemos la realidad.
Manzotti: Ciertamente. Una vez que hemos definido y colocado todas las piezas del rompecabezas físico -la química, la física, la evolución, la relatividad general, la mecánica cuántica, el ADN, la evolución, el bosón de Higgs, todo- todavía sigue habiendo algo que no encaja: el hecho de que no simplemente hacemos cosas sino que también experimentamos el mundo que nos rodea. La conciencia. Lo que David Chalmers llamó, como es sabido, el problema más duro de roer.
Parks: En otras palabras, la conciencia no es algo que la ciencia actual pudiera predecir.
Manzotti: No. ¿Por qué nuestro comportamiento no es algo que simplemente sucede y sigue su curso de la misma forma en que los planetas siguen sus órbitas? No lo sabemos. Así como los cosmólogos tampoco saben qué es la materia oscura. Todo lo que sabemos es que hay algo que no encaja y muy probablemente esto apunte a algún error profundo en nuestras suposiciones acerca de la realidad. Eso es en lo que deberíamos concentrarnos, en lugar de acudir a metáforas elaboradas y sugerentes como "películas proyectadas en la cabeza".
Parks: Parece que ahora estás definiendo la conciencia por lo que no es, o al menos como una área de incomprensión. Pero ¿puedo forzarte a una definición más concluyente? Quiero decir: ¿estamos hablando de una cosa: de un objeto físico o de un proceso? Supongo que descartamos espíritus y almas...
Manzotti: Hablar de espíritus y almas equivaldría a admitir una derrota, al menos para un científico o un filósofo. La verdad es que no conocemos a priori la naturaleza de la realidad física. Este es un argumento que Bertrand Russell planteó con mucha fuerza en la década de 1920. Cuanto más investigamos lo físico, más variado y complejo se nos aparece. Imagina un enorme rompecabezas en el que todo debe encajar con todo lo demás. Cuando hay algo que parece que no cuadra, le damos la vuelta una y otra vez para ver si podemos encajarlo de alguna manera; pero si no lo logramos, hemos de aceptar que hemos juntado las otras piezas equivocadamente y que tenemos una imagen falsa.
Así es como avanza la ciencia. Tenemos momentos de
revolución -Copérnico, Galileo, Newton- en que todas las piezas tienen que ser
reorganizadas, lo que Thomas Kuhn describió con la fórmula célebre: cambios de
paradigma.
No hay ninguna razón por la que debamos abordar el
problema de la conciencia de manera diferente. Hemos de encontrar cómo
encajarlo en nuestra comprensión actual de la realidad, o bien cambiar nuestra
versión de la realidad para que se ajuste a la conciencia. Hasta que no lo
logremos, nos arriesgamos a tener una visión dualista del mundo, como la
sugerida por Descartes: por un lado lo físico, y por el otro, algo como misterioso, llámalo lo espiritual.
Parks: Pero, insisto, ¿deberíamos pensar en la conciencia como una cosa, o como un proceso?
Manzotti: Bien, si el mundo que nos rodea está hecho de cosas, objetos y procesos físicos, es probable que la conciencia sea una de ellos. La gente tiende a mostrarse dubitativa al acercarse a la conciencia y tratarla como un caso especial. Pero no estoy seguro de que esto sea útil. Si es un fenómeno real, y la mayoría de la gente está de acuerdo en que lo es, ¿por qué no debería ser como todos los demás fenómenos físicos, algo hecho de materia y de energía cuya actividad se explica por sus propiedades físicas?
Parks: Entonces, suponiendo que la conciencia sea una cosa, una cosa física o una amalgama de cosas, ¿qué hacemos con la palabra "mental"?
Manzotti: ¡Buena pregunta! En realidad, "mental" no es tan diferente, al menos en lo que respecta a su función, de una palabra como "espiritual". Ninguna de las dos palabras tiene un referente preciso. Me temo que vamos a encontrar muchas palabras como ésta en el transcurso de estas conversaciones. Es como si ciertos términos que usamos tuvieran una licencia especial para operar fuera de las limitaciones del mundo físico. El filósofo Sidney Shoemaker dijo que el concepto de "lo mental" equivale a una especie de desván ontológico. Cualquier cosa que no encaje con nuestra imagen actual de la realidad física se traslada a un contenedor cuyo propósito principal es recoger juntas todas las cosas que no podemos explicar. Es una especie de dualismo latente: tú no dices la palabra "espíritu", pero de hecho estas dividiendo el mundo en dos.
.
Parks: Un contenedor no es algo demasiado halagador,
que digamos. Seguramente cuando hablamos de nuestra vida mental simplemente
estamos pensando en todo lo que hace que los seres humanos sean especiales,
diferentes: nuestros pensamientos, nuestras elucubraciones basadas en el
lenguaje.
Manzotti: Absolutamente. Hay buenas razones para valorar un concepto como "lo mental", porque pone nuestra mente por encima de las limitaciones de la necesidad física. Es una idea reconfortante. Estaríamos por encima de la naturaleza. Seríamos especiales. Tenemos nuestras vidas mentales. Estamos separados del meollo de la materia. Desafortunadamente, no tenemos ninguna justificación científica que alimente dicha creencia; muy probablemente no sea más que otra manifestación de lo que Freud describió como el narcisismo humano, el deseo de creernos al mismo tiempo el centro del universo, pero de alguna manera superiores e incluso separados de la naturaleza que nos rodea.
Qué bien nos viene, cuando no puedes explicar algo,
el poder decir: bueno, eso significa que somos especiales, no somos como el
resto del mundo natural. Pero la ciencia trabaja con el presupuesto de que la
naturaleza es una y que todos los fenómenos deben encajar en el mismo sistema y
obedecer las mismas leyes; de ahí el hecho de que experimentar el mundo, es
decir, la conciencia, haya de ser un fenómeno natural que, como todos los demás
fenómenos naturales, sea físico; quiero decir: hecho de materia y energía.
Parks: Esto nos lleva, creo yo, a la visión dominante de lo que es hoy la conciencia: el internalismo. ¿Puedes explicarlo?
Manzotti: el internalismo es el concepto de que, sea lo que sea la conciencia, ésta es algo que debe ocurrir dentro de nuestra cabeza. Es bastante obvio por qué podríamos pensar esto. Tendemos a sentir que nos encontramos donde están actuando nuestros sentidos; por lo tanto, la gente supone que la conciencia está en algún lugar detrás de nuestros ojos y entre nuestros oídos. Esto sin mencionar las muchas razones sociales para identificarnos con nuestros cuerpos, en general, y con nuestras caras, en particular, que son cruciales para la interacción social. Y puesto que, por supuesto, no podemos ver la conciencia de otra persona, sino sólo las manifestaciones de ésta -sonrisas, muecas-, entendemos que la conciencia está oculta dentro de nuestra cabeza, es decir, en el cerebro. Dado que, de nuevo, el cerebro es, con mucho, el más complejo de nuestros órganos, con algo así como 85 mil millones de neuronas, todas ellas con cientos, si no con miles de conexiones con otras neuronas, el cerebro parece un candidato razonable cuando estás buscando algo que no entiendes. O bien así lo parecía cuando sabíamos menos sobre el asunto.
Parks: Sé que tiene fuertes objeciones frente al internalismo y puedo sentir tu impaciencia en expresarlas. Pero primero vamos a establecer exactamente lo que dice y pretende afirmar tal teoría. Por ejemplo, ¿afirma el internalismo que la conciencia es un objeto físico situado en el espacio?
Manzotti: Hay muchas corrientes dentro del internalismo, pero en general, y ciertamente en sus inicios, sí. La idea fue formalizada en la década de 1950 por personas como David Armstrong y J.J.C. Smart. Lanzaron la idea de que la conciencia es una serie de procesos neuronales, o ciertos procesos neuronales. Una vez que habían formado esta hipótesis, perfectamente respetable, un ejército de científicos se dispuso a verificarla empíricamente. Y, de hecho, en los últimos cincuenta años hemos avanzado extraordinariamente en el desarrollo de instrumentos sofisticados para rastrear y explorar el cerebro con toda su actividad eléctrica y química tan fantásticamente intrincada.
Parks: ¿Y?
Manzotti: Bueno, los neurocientíficos ciertamente han encontrado un número ingente de correlatos de la conciencia; es decir, en todo tipo de experiencias sensoriales, han establecido qué partes del cerebro se activan y la naturaleza de tal actividad. Esto es de enorme interés y científicamente muy sólido.
Parks: Me huelo que ahora vendrá un “pero”…
Manzotti: Es que un correlato de la conciencia no es la conciencia. Cuando los científicos buscan el SIDA o el ADN, buscan la cosa en sí, no un mero correlato. Esto es un problema: ¿cómo obtener a partir del correlato neuronal -el hecho de que haya actividad neuronal cuando experimento algo- la propia cosa, la experiencia? Tal como dijo Bertrand Russell, casi como una broma, cuando uno lame un helado de chocolate nada en el cerebro sabe a chocolate. Por supuesto, una experiencia también tiene correlaciones fuera del cerebro: los órganos sensoriales -ojos, oídos, nariz, piel, papilas gustativas-, y eso por no mencionar el objeto en sí que experimentamos: la luz, las ondas sonoras, el helado de chocolate, lo que sea. ¿Por qué privilegiar los correlatos en el cerebro cuando intentamos localizar la conciencia? Por qué…
Parks: ¡Alto aquí! Es suficiente por hoy. Hemos
definido la conciencia como la sensación que acompaña nuestro ser en el mundo.
Hemos examinado muy crudamente el enigma que su existencia plantea para nuestra
comprensión del mundo. Hemos anunciado la visión científica dominante acerca de dónde se localiza la conciencia: en nuestros cerebros. La próxima vez,
quisiera comentar algunas de las afirmaciones del internalismo, sus
implicaciones para nuestra actual visión científica de la realidad y la manera
en que los internalistas han reaccionado a las dificultades halladas para
verificar su teoría. Porque ciertamente no han renunciado a ella. Ni por asomo.
¡Así que prepárate…!
(Continuará, imagino...)
La vía veneciana
...o cómo hacer que ganen siempre los convocantes del referéndum de independencia.
Aquí.
Aquí.
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