Este
artículo publicado en la revista Scientific
American el 7 de septiembre de 2016 por Paul Ibbotson y Michael
Tomasello, que, sin duda, agradaría a Judith Rich Harris y a su teoría de los
módulos compartidos de múltiples usos en la individuación humana.
Y aquí
en tradu exprés:
Las pruebas refutan la
teoría del aprendizaje
del lenguaje de Chomsky
Gran parte
de la revolución de Noam Chomsky en la lingüística –incluida su tesis sobre la
forma en que aprendemos las lenguas– está siendo invalidada.
Sumario:
• Noam
Chomsky ha sido un gigante imponente en el campo de la lingüística durante
muchas décadas, famoso por su conocida teoría de la gramática universal.
• La idea de
Chomsky de un cerebro conectado a una plantilla mental específica para la
gramática ha sido cuestionada por la falta de evidencias en los estudios de
campo sobre lenguas.
• Su teoría
ha cambiado varias veces para explicar excepciones que iban en contra de sus
postulados originales, marcando un retroceso respecto a sus ambiciosos
orígenes.
• Las
alternativas a la gramática universal plantean que los niños que aprenden el
lenguaje usan habilidades cognitivas generales y leen las intenciones de las otras personas.
***
La idea de
que tenemos cerebros cableados a una plantilla mental para el aprendizaje de la
gramática –algo defendido por Noam Chomsky, del Massachusetts
Institute of Technology– ha dominado la lingüística durante casi
medio siglo. Recientemente, sin embargo, científicos cognitivos y lingüistas
han abandonado en masa la teoría de la Gramática Universal de Chomsky debido a nuevas investigaciones que
examinan muchos idiomas diferentes y la manera en que los niños aprenden a
entender y a hablar las lenguas de sus comunidades. Todos estos trabajos no respaldan
las afirmaciones de Chomsky.
Los trabajos
sugieren una visión radicalmente diferente en la que el aprendizaje del primer
idioma de un niño no se basa en un módulo gramatical innato. En cambio, la
nueva investigación muestra que los pequeños utilizan diversos tipos de
pensamiento que pueden no ser en absoluto específicos del lenguaje, tal como la
capacidad de clasificar el mundo en categorías (personas u objetos, por
ejemplo) y la de comprender las relaciones entre las cosas. Estas habilidades,
junto con la especial habilidad humana capaz de captar lo que otros tienen la
intención de comunicar, permiten que surja el lenguaje. Los nuevos hallazgos
indican que si los investigadores realmente quieren entender cómo los niños, y
otros humanos, aprenden los idiomas, han de abandonar las teorías de Chomsky para obtener alguna
orientación.
Esta conclusión es importante porque el estudio del lenguaje desempeña un papel
central en diversas disciplinas, desde la poesía hasta la propia lingüística
pasando por la inteligencia artificial; y es que métodos equivocados conducen a
resultados cuestionables. Además, el lenguaje es utilizado por los seres
humanos en formas que ningún animal puede igualar; y si entiendes lo que es el
lenguaje, comprendes un poco mejor lo que es la naturaleza humana.
La primera versión de Chomsky de su teoría, planteada a mediados del siglo XX,
enlazaba con dos tendencias emergentes entonces en la vida intelectual
de Occidente. En primer lugar, postulaba que los idiomas que las personas usan
para comunicar en la vida cotidiana se comportaban como los lenguajes
matemáticos del nuevo campo de la informática. Su investigación buscaba la
estructura computacional subyacente del lenguaje y proponía un conjunto de
procedimientos que crearían oraciones "bien formadas". La idea
revolucionaria era que un programa similar al de un ordenador pudiera producir
oraciones que las personas pensaban que eran gramaticales. Ese programa también
podría supuestamente explicar la forma en que las personas generaban sus frases.
Esta manera de hablar sobre el lenguaje tuvo éxito entre muchos académicos
ansiosos de abrazar un enfoque computacional en... bueno... en todo.
Mientras Chomsky estaba desarrollando sus teorías computacionales, también
estaba proponiendo simultáneamente que éstas estaban enraizadas en la biología
humana. En la segunda mitad del siglo XX se fue haciendo más claro que
nuestra extraordinaria historia evolutiva es la responsable de muchos aspectos
de nuestra singular psicología humana, por lo que aquella teoría halló eco en
ese nivel también. La Gramática Universal fue presentada como un componente
innato de la mente humana y prometía revelar los profundos fundamentos
biológicos que subyacen en las más de 6 000 lenguas humanas del mundo. Las teorías
científicas más poderosas, por no decir las más bellas, quieren revelar una
unidad oculta bajo la diversidad superficial, así que la teoría mostró un
atractivo inmediato.
Pero las evidencias han dejado atrás las teorías de Chomsky, que han estado
declinando hacia una lenta muerte durante años. Y si están muriendo tan
lentamente es porque, tal como el físico Max Planck dejó dicho, los
universitarios más veteranos tienden a aferrarse a los viejos métodos y
"la ciencia progresa de funeral en funeral".
EN EL
PRINCIPIO
Las primeras
encarnaciones de la gramática universal en los años sesenta tomaron como punto
de partida la estructura subyacente de las lenguas europeas estándar, las que
hablaban la mayoría de los lingüistas que trabajaban sobre ellas. Por lo tanto,
el programa de la gramática universal operaba sobre retazos de lenguaje, tales
como frases nominales ("A los perros simpáticos") y frases verbales
("les gustan los gatos").
Muy pronto, sin embargo, las comparaciones lingüísticas entre múltiples idiomas
comenzaron a no encajar en este esquema tan nítido. Algunas lenguas nativas de
Australia, como el Warlpiri, tenían
elementos gramaticales diseminados por todas las partes de la oración –las
frases nominales y verbales no estaban "cuidadosamente empaquetadas"
para poder ser conectadas a la gramática universal de Chomsky–, y algunas
frases carecían de partes verbales.
Estos llamados valores atípicos eran difíciles de conciliar con la gramática
universal, que se basaba en ejemplos de lenguas europeas. Otras excepciones a
la teoría de Chomsky procedían del estudio de las lenguas ergativas, como el
vasco o el urdu, en las que la forma en que se usa una oración de sujeto es muy
diferente a la de muchas lenguas europeas, desafiando así nuevamente la idea de
una gramática universal.
Estos
hallazgos, junto con todo un trabajo lingüístico teórico, llevaron a Chomsky ya
sus seguidores a una revisión en profundidad de la noción de gramática
universal durante los años ochenta. La nueva versión de la teoría, llamada
"de principios y parámetros", reemplazó una sola gramática universal
para todas las lenguas del mundo por un conjunto de principios
"universales" que rigen la estructura del lenguaje. Estos principios
se manifestaban de manera diferente en cada idioma. Una analogía podría ser que
todos nacemos con un conjunto básico de gustos (dulce, amargo, agrio, salado y
umami) que interactúan con la cultura, la Historia y la geografía para producir
las variaciones actuales de la cocina mundial. Los principios y parámetros eran
la analogía lingüística de los gustos. Interactuaban con la cultura (daba lo
mismo que un niño aprendiera japonés o inglés) para producir la variación en
las lenguas actuales así como para definir el conjunto de lenguas humanas que
eran posibles.
Idiomas como el español forman frases completamente gramaticales sin necesidad
de sujetos separados: por ejemplo, "Tengo zapatos", en las que la persona que tiene los
zapatos, "Yo", no queda indicada por una palabra separada sino por la
desinencia "-o" que termina el
final del verbo. Chomsky pretendía que tan pronto como los niños encontraban
algunas frases de este tipo, sus cerebros pondrían el interruptor en
"encendido", indicando de este modo que el sujeto de la oración debía
ser eliminado. Entonces sabrían que podrían saltarse el sujeto en todas las
frases de este tipo.
El parámetro "suprimir sujeto" supuestamente también determinaba
otras características estructurales del lenguaje. Esta noción de principios
universales se ajusta razonablemente bien a muchas lenguas europeas. Pero resulta que los datos de lenguas no europeas
no se ajustaban a la versión revisada de la teoría de Chomsky. De hecho, la
investigación que había intentado identificar parámetros como el de la
supresión del sujeto, en última instancia llevó al abandono de la segunda
encarnación de la gramática universal debido a su falta de consistencia ante
este tipo de críticas.
Más recientemente, en un famoso artículo publicado en Science en 2002, Chomsky y sus coautores describieron una gramática
universal que incluía una sola característica, llamada la recursión
computacional (si bien muchos defensores de la gramática universal todavía
prefieren afirmar que hay muchos principios y parámetros universales). Este
nuevo cambio permitía combinar un número limitado de palabras y reglas para
realizar un número ilimitado de oraciones.
Dichas infinitas posibilidades existen debido a la manera en que la recursión
incorpora una frase dentro de otra
frase del mismo tipo. Por ejemplo, en algunas lenguas occidentales se pueden
incrustar segmentos a la derecha ("Juan espera que María sepa que Pedro
está mintiendo"), o incrustarlos en el centro ("El perro que el niño
que vio que al gato persiguió ladró"). En teoría, es posible seguir incrustando
estas fases infinitamente. En la práctica, la comprensión comienza a griparse
cuando las secuencias se apilan unas encima de otras como en estos ejemplos.
Chomsky pensaba que esto no estaba directamente relacionado con el lenguaje en
sí; que más bien era una limitación de la memoria humana. Más importante aún,
Chomsky propuso que esta capacidad recursiva es lo que distingue al lenguaje de
otros tipos de pensamiento como la categorización y la percepción de las
relaciones entre las cosas. También ha propuesto recientemente que esta
capacidad surgió de una única mutación genética ocurrida entre hace 100 000 y
50 000 años.
Igual que antes, cuando los lingüistas examinaron la variación de las lenguas
del mundo, encontraron contraejemplos a la afirmación de que este tipo de
recursión era una propiedad esencial del lenguaje. Algunas lenguas –la Pirahã
amazónica, por ejemplo– parecen apañárselas sin la recursión chomskyana.
Como todas las teorías lingüísticas, la gramática universal de Chomsky intenta
realizar un acto de equilibrio. La teoría tiene que ser lo suficientemente
simple como para valer la pena. Es decir, debe predecir algunas cosas que no
están en la propia teoría (de lo contrario es sólo una lista de hechos). Pero
la teoría tampoco puede ser tan simple que no pueda explicar las cosas que
debería. Tomemos la idea de Chomsky de que las frases en todas las lenguas del
mundo tienen un "sujeto". El problema es que el concepto de sujeto es
más un "parecido de rasgos familiares” que una categoría nítida. Alrededor
de treinta rasgos gramaticales diferentes definen las características de lo que
es un sujeto. Cada idioma sólo tendrá un subconjunto de estas características;
y además los subconjuntos a menudo no se solaparán con los de otros idiomas.
Chomsky trató de definir los componentes de la caja de herramientas esencial
del lenguaje: el tipo de maquinaria mental que permite que surja el lenguaje
humano. Cuando se han encontrado contraejemplos, algunos defensores de Chomsky
han respondido que sólo porque un lenguaje carezca de determinada herramienta
(la recursión, por ejemplo), ello no significa que ésta no se encuentre dentro
de la caja de herramientas. De la misma manera, sólo porque una cultura carezca
de sal para sazonar la comida, eso no significa que lo salado no esté en su
repertorio de gustos básicos. Desafortunadamente, esta línea de razonamiento
hace que las propuestas de Chomsky sean difíciles de probar en la práctica y
que, en algunos casos, se acerquen a algo
que no puede ser falsado.
SENTENCIA DE
MUERTE
Un defecto
decisivo en las teorías de Chomsky es que cuando se aplica al aprendizaje de
idiomas, éstas estipulan que los niños pequeños vienen equipados con la
capacidad de formar oraciones usando reglas gramaticales abstractas. (Las más
precisas dependen de la versión de la teoría que se invoque). Sin embargo,
muchas investigaciones muestran ahora que la adquisición del lenguaje no tiene
lugar de esta manera. Niños bastante pequeños comienzan a aprender patrones
gramaticales simples; luego, poco a poco, intuyen las reglas que hay detrás,
una por una.
Por lo tanto, los niños inicialmente hablan sólo con construcciones
gramaticales concretas y sencillas basadas en patrones específicos de palabras:
"¿Dónde está X?"; "Quiero X"; "Más X"; "Es X"; "Yo X esto"; "Pon X
aquí"; "Mamá está haciendo X"; "Vamos a X"; "Tira
X"; "X se ha ido"; "Mamá X"; "Yo hice X";
"Siéntate en la X"; "Abre X"; "X aquí"; "Hay
un X"; "X está roto". Más tarde, los niños combinan estos
primeros patrones con otros más complejos, como "¿Dónde está la X que Mamá Xó?", etc.
Muchos defensores de la gramática universal aceptan esta caracterización del
temprano desarrollo gramatical de los niños. Pero luego entienden que cuando
surgen construcciones más complejas, esta nueva etapa refleja la maduración de
una capacidad cognitiva que utiliza la gramática universal y sus categorías y
principios gramaticales abstractos.
Por ejemplo, la mayoría de los enfoques de gramática universal postulan que un
niño forma una pregunta siguiendo un conjunto de reglas basadas en categorías
gramaticales tales como "¿Qué (objeto) has (auxiliar) perdido (verbo) tú
(sujeto)?". Respuesta: "Yo (sujeto)
perdí (verbo) algo (objeto).” Si este postulado es correcto, entonces en
determinado periodo de desarrollo los niños deberían cometer errores similares
en todas las oraciones interrogativas. Pero los errores de los niños no encajan
con esta predicción. Muchos de ellos, muy pronto en su desarrollo cometen
errores tales como: "¿Por qué puede no él venir?", pero al mismo
tiempo que cometen este error –poner el "no” antes de “él” y de "venir "– forman
correctamente otras preguntas con verbos auxiliares, como la oración
"¿Qué ha dicho él?".
Los estudios experimentales confirman que los niños producen frases interrogativas
con auxiliares correctas muy a menudo, mientras siguen cometiendo errores en
frases interrogativas que contienen otras (a menudo menos frecuentes)
combinaciones de auxiliares e interrogativas: "¿Por qué puede él no
venir?".
La principal
respuesta de los gramáticos universales a estos hallazgos es que los niños
tienen la competencia gramatical pero que otros factores pueden impedir sus
producciones y, por tanto, ocultar tanto la verdadera naturaleza de su
gramática como obstaculizar el estudio de la gramática "pura"
postulada por la teoría lingüística de Chomsky. Entre los factores que
enmascaran la gramática subyacente, dicen, se incluyen la memoria inmadura, la
atención y las habilidades sociales.
Sin embargo, la interpretación chomskyana de la conducta de los niños no es la
única posibilidad. La memoria, la atención y las habilidades sociales pueden no
enmascarar el verdadero estatuto de la gramática; más bien pueden ser parte
integral en la construcción del lenguaje. Por ejemplo, un estudio reciente (uno
de cuyos coautores es uno de nosotros [Ibbotson]) ha demostrado que la
capacidad de los niños para producir por ejemplo participios irregulares –como: "Rompo el
juguete/ el juguete que he roto (y no: que he “rompido”)– está asociado con su
capacidad de inhibir una respuesta atractiva que no estaba relacionada con la
gramática: igual que decir la palabra “luna”cuando se mira una fotografía del
sol. Más que la memoria, las analogías mentales, la atención y el razonamiento
acerca de las situaciones sociales que se interponen en el camino de los niños
que expresan la gramática pura de la teoría lingüística chomskyana, todas estas
facultades mentales pueden explicar por qué el lenguaje se desarrolla del modo
en que lo hace.
Al igual que ocurre con la renuncia a los datos translingüísticos o con el
argumento de la caja de herramientas, la idea de que la “actuación” lingüística
enmascara la "competencia" lingüística es también muy poco refutable.
El ir abandonando este tipo de alegaciones es común en aquellos paradigmas
científicos en declive que carecen de una sólida base empírica –véase, por
ejemplo, la psicología freudiana y las interpretaciones marxistas de la
Historia.
Incluso más allá de estos desafíos empíricos a la gramática universal, los
psicolingüistas que trabajan con niños tienen dificultades para concebir
teóricamente un proceso en el cual los niños empiecen con las mismas reglas
gramaticales algebraicas para todas las lenguas y luego procedan a averiguar
cómo un idioma particular (inglés, swahili o el que sea) se conecta con ese
esquema de reglas. Los lingüistas llaman este enigma el “problema del enlace”,
y hubo un aislado intento sistemático de resolverlo en el contexto de la
gramática universal: lo llevó a cabo el psicólogo Steven Pinker, de la
Universidad de Harvard, para las oraciones de sujeto. Sin embargo, resultó que
el trabajo de Pinker no coincidía con los datos recabados en los estudios de
desarrollo infantil ni se podía aplicar a categorías gramaticales distintas
de las de sujeto. Por lo tanto, el problema del enlace, que debería ser
el problema central en la aplicación de la gramática universal al aprendizaje
de la lengua, nunca ha sido resuelto; ni
siquiera se ha abordado seriamente.
UNA VISIÓN
ALTERNATIVA
Todo esto
lleva ineludiblemente a la idea de que la noción de gramática universal es
claramente errónea. Por supuesto, los científicos nunca renuncian a su teoría
favorita, incluso frente a pruebas que la contradicen, hasta que no aparece una
alternativa razonable. Tal alternativa, llamada “lingüística basada en el uso”,
ya ha llegado. La teoría, que reviste varias formas, propone que la estructura
gramatical no es innata. En cambio, la gramática es el producto de la Historia
(los procesos que configuran cómo pasan las lenguas de una generación a la
siguiente) y de la psicología humana (el conjunto de capacidades sociales y
cognitivas que permiten a las generaciones empezar por aprender un idioma). Más
importante aún, esta teoría propone que el lenguaje se sirve de sistemas cerebrales
que pueden no haber evolucionado específicamente para ese propósito y, por lo
tanto, todo esto constituye una idea diferente a la de Chomsky de la mutación
de un solo gen que hizo posible la recursión.
En el nuevo enfoque basado en el uso (que incluye ideas de la lingüística
funcional, de la lingüística cognitiva y de la Gramática de la Construcción),
los niños no nacen con una herramienta universal específica para aprender
gramática, sino que heredan el equivalente mental de un cuchillo suizo: un conjunto
de herramientas de propósito general –como la categorización, la lectura de las
intenciones comunicativas y la analogía– con las que los niños construyen
categorías gramaticales y reglas a partir del lenguaje que oyen a su alrededor.
Por ejemplo, los niños de habla inglesa entienden "The cat ate the
rabbit" ("El gato comió al conejo", y, por analogía, también
entienden que "The goat tickled the fairy" ("La cabra le hizo
cosquillas al hada"). Generalizan al escuchar un ejemplo tras otro.
Después de suficientes ejemplos de este tipo, podrían incluso ser capaces de
adivinar quién hizo qué a quién en la frase "El gazó mimbeó al
tomín", aunque las palabras sean literalmente absurdas: la gramática debe
ser algo que ellos disciernen más allá de las propias palabras, dado que las
frases comparten poco en común en el nivel de las palabras (la
semántica).
El
significado en el lenguaje surge a través de una interacción entre el
significado potencial de las propias palabras (como las cosas que la palabra
"comió" pueden significar) y el significado de la construcción
gramatical con la que están conectadas. Por ejemplo, aunque
"estornudar" está en el diccionario como un verbo intransitivo que
sólo funciona con un solo actor (el que estornuda) si uno lo fuerza a una construcción
bitransitiva -que puede tomar tanto un objeto directo como indirecto-, el
resultado podría ser "Ella le estornudó la servilleta", en donde
"estornudar" se interpreta como una acción de movimiento (es decir,
ella hizo que la servilleta se desplazara hasta él).
La oración muestra que la estructura gramatical puede hacer una importante
contribución al significado de la frase, tal como lo hacen las palabras.
Contrastemos esta idea con la de Chomsky, quien argumentó que hay niveles de
gramática que están por completo libres de significado.
El concepto del cuchillo suizo también explica el aprendizaje del lenguaje sin
necesidad de invocar dos fenómenos requeridos por la teoría de la gramática
universal. Uno de ellos es una serie de reglas algebraicas para combinar
símbolos: la llamada gramática nuclear, conectada con en el cerebro. La segunda
es un léxico –una lista de excepciones que cubren todos las otras expresiones
idiomáticas e idiosincrasias de los lenguajes naturales que deben ser aprendidos–.
El problema con este enfoque “de doble vía” es que algunas construcciones
gramaticales están parcialmente basadas en reglas y, parcialmente, no. Por
ejemplo: "¿¡Él… la candidatura presidencial ?!", donde el sujeto
"él" retiene la forma de un objeto indirecto pero con los elementos
de la oración que no van en el orden adecuado. Un hablante nativo inglés puede
generar una infinita variedad de oraciones usando el mismo esquema:
"¡¿Ella, ir al ballet?!", o "¿¡Ese tipo, médico¡?". Así que la pregunta es: ¿son estas frases
parte de la gramática nuclear o están en la lista de excepciones? Si no forman parte de una gramática nuclear,
deben aprenderse individualmente, como elementos separados. Pero si los niños
pueden aprender estas frases (en parte basadas en reglas, en parte excepciones)
entonces, ¿por qué no pueden aprender el resto del lenguaje de la misma manera?
En otras palabras, ¿por qué necesitan una gramática universal en absoluto?
De hecho, la idea de la gramática universal contradice la evidencia que muestra
que los niños aprenden el lenguaje a través de la interacción social y ganan
práctica usando construcciones de frases que han sido creadas por las
comunidades lingüísticas a lo largo del tiempo. En algunos casos, tenemos datos
fiables sobre cómo ocurre exactamente ese aprendizaje. Por ejemplo, las
oraciones relativas son bastante comunes en muchas lenguas del mundo y, a
menudo, derivan de una combinación de oraciones separadas. Así, podríamos
decir: "Mi hermano ... vive en Arkansas... Le gusta tocar el piano".
Debido a varios mecanismos de procesamiento cognitivo –con nombres como
esquematización, habituación, descontextualización y automatización– estas
frases evolucionan durante largos periodos hasta construcciones más complejas:
"A mi hermano, que vive en Arkansas, le gusta tocar el piano". O bien
podrían convertir gradualmente frases como "Tiré de la puerta y se
cerró" en "Cerré la
puerta”. Por su fuera poco, parece que
tenemos una habilidad específica propia de la especie para descodificar las intenciones
comunicativas de los demás: lo que un orador tiene la intención de decir. Por
ejemplo, yo podría decir: "Ella dio/ mandó/envió /prestó / a la biblioteca
algunos libros", pero no:
"Ella heredó a la biblioteca algunos libros". Investigaciones
recientes han demostrado que hay varios mecanismos que llevan a los niños a
restringir este tipo de analogías inapropiadas. Por ejemplo, los niños no hacen
analogías que no tienen sentido. Por lo tanto, nunca estarían tentados de
decir: "Ella comió a la biblioteca algunos libros". Además, si los
niños escuchan con frecuencia "Ella dejó en herencia algunos libros a la
biblioteca", entonces este uso prevendrá de la tentación de decir nunca
ese "Ella heredó a la biblioteca algunos libros".
Tales
mecanismos de restricción reducen enormemente las analogías posibles que un
niño podría hacer frente a aquellas que ordenan intenciones comunicativas de la
persona a la que se está tratando de entender. Todos usamos este tipo de
lectura intencional cuando comprendemos la frase "¿Puedes abrirme la
puerta?" como una solicitud de ayuda en lugar de una investigación sobre
las habilidades que tiene uno en abrir puertas.
Chomsky permitió este tipo de "pragmática" –que es el uso el lenguaje
en su contexto– en su teoría general de cómo funcionaba el lenguaje. Dado lo
ambiguo que es el lenguaje, no le quedó más remedio que hacerlo. Pero parecía
tratar el papel de la pragmática como algo periférico en relación con el
trabajo principal de la gramática. De alguna manera, las contribuciones de los
enfoques basados en el uso han desplazado el debate en la otra dirección:
cuánto puede hacer la pragmática por el lenguaje antes de que los hablantes
necesiten recurrir a las reglas de la sintaxis.
Las teorías basadas en el uso están lejos de ofrecer una visión completa de
cómo funciona el lenguaje. Las generalizaciones significativas que hacen los
niños al escuchar frases habladas no explican por completo cómo los niños
construyen las frases: hay generalizaciones que tienen sentido pero no son
gramaticales (por ejemplo: "Él desapareció el conejo"). De todas las
generalizaciones significativas pero no gramaticales posibles que los niños
pueden hacer, resulta que hacen muy pocas. La razón de ello parece ser que
ellos son sensibles al hecho de que la comunidad lingüística a la que
pertenecen se conforma a una norma y comunica una idea sólo "de esta
manera". Buscan un equilibrio delicado, sin embargo, ya que el lenguaje de
los niños es a la vez creativo ("No cabí en el traje de buzo") y
conformativo respecto las normas gramaticales ("No cupe en el traje de
buzo"). Hay mucho trabajo por delante para los teóricos basados en el
uso a la hora de explicar cómo estas fuerzas interactúan en la infancia de una
manera que explique exactamente el camino del desarrollo del lenguaje.
UNA MIRADA
HACIA DELANTE
En el
momento en que se propuso el paradigma de Chomsky, se trató de una ruptura
radical respecto con los enfoques más informales que imperaban en aquel
momento, y llamó la atención sobre todas las complejidades cognitivas
implicadas en la capacidad de hablar y comprender el lenguaje. Pero al mismo
tiempo que teorías como las de Chomsky nos permitieron ver cosas nuevas,
también nos cegaban en relación con otros aspectos del lenguaje. En la
lingüística y en los campos afines, muchos investigadores se muestran cada vez
más insatisfechos con un enfoque de lenguaje totalmente formal como es la
gramática universal, por no mencionar todas las insuficiencias empíricas de
dicha teoría. Por otra parte, muchos investigadores modernos también están
descontentos con los análisis teóricos de salón, cuando hay grandes corpus de
datos lingüísticos –muchos ahora disponibles en línea– que pueden analizarse
para comprobar una teoría.
El cambio de paradigma ciertamente no es completo, pero para muchos parece que
un soplo de aire fresco ha entrado en el campo de la lingüística. Hay nuevos e
interesantes descubrimientos que deben realizarse investigando los detalles de
los diferentes idiomas del mundo; cómo son similares y diferentes entre sí;
cómo cambian históricamente; y cómo los niños pequeños adquieren competencia en
uno o más de ellos.
La gramática universal parece haber llegado a un punto muerto. En su lugar, la
investigación lingüística basada en el uso puede proporcionar un camino para
los estudios empíricos sobre el aprendizaje, el uso y el desarrollo histórico
de los 6 000 idiomas del mundo.
Paul Ibbotson y Michael Tomasello
***
Este
artículo fue publicado originalmente con el título de "El lenguaje en una
nueva clave".
Para
profundizar:
Constructing a Language: A Usage-Based Theory of Language Acquisition. Michael Tomasello. Harvard University Press, 2003.
Constructions at Work: The
Nature of Generalization in Language. Adele Goldberg. Oxford University Press, 2006.
Language, Usage and
Cognition. Joan Bybee. Cambridge University Press, 2010.